El Palacio Condes de Gabia expone una retrospectiva de la obra de Santiago Ayán

Este proyecto recoge sus obras fundamentales desde los años 80 hasta el 2010 y la edición de un libro

28 de Abril de 2017


La diputada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática, Fátima Gómez Abad junto a las comisarias de la exposición, Ángeles Quesada y Carmen Sigler, han inaugurado la exposición “Santiago Ayán. Buscando el paraíso” que podrá visitarse hasta el 25 de junio en la Sala Alta del Palacio Condes de Gabia.


Este proyecto ha surgido de dos iniciativas paralelas en torno a la figura de Santiago Ayán; por un lado, la editorial Ciengramos que pretendía crear un retrato colectivo del artista a través de los testimonios de las personas que lo conocieron y por otro lado, Ángeles Quesada y Carmen Sigler,  que buscaban la oportunidad de llevar su obra de lo privado a lo público e iniciar así su recuperación. Todo ello les llevó a localizar numerosas piezas entre coleccionistas y amistades que ha confluido en una retrospectiva que recoge lo más importante de su trabajo, desde las  primeras obras de los años 80 hasta 2010 y en la edición de un libro.

 

Esta exposición constituye un  retrato colectivo en el que las voces de sus amigos componen un relato biográfico y artístico, encabezado por la contribución de un texto escrito por Mar Villaespesa, quien ha participado ”tanto por el afecto a Santi como por el respeto hacia la práctica artística de Santiago Ayán”.

 

Santiago Ayán (Granada, 1963-2010) fue un artista con un gran recorrido vital y artístico que plasmaba en su obra sus reflexiones existenciales, su aguda comprensión crítica de la realidad con un   lenguaje que derivó del neoexpresionismo hasta una postura conceptual que integraba materiales de diversas culturas bajo un lema, una declaración de intenciones con el que selló gran parte de su producción: RSE (Radio Sintonía Exterior): «Emitimos cuando nos da la gana».

 

 

 

En sus primeros trabajos, dominaba una figuración marcada por la tensión en la composición y el color, por la revelación de la angustia y la carga erótica. El valor simbólico del color siguió vivo en piezas de plasticidad muy variada en las que era clave el gesto de la escritura pictórica, vehículo de su pensamiento existencial.

Su trabajo posterior, está marcado por la mística de lo íntimo, de lo autobiográfico por medio de una iconografía religiosa, que trataba con mordaz sentido del humor y a través de dibujos de gran poder simbólico asociados a fotografías de su cuerpo en actitudes alusivas a la negación, la postración o la reclusión. Más adelante, se acercó a la cultura popular por un deseo de vivencia y representación transcultural a partir de materiales recopilados de objetos simbólicos que dio lugar a una producción con un discurso actual y de especial relevancia crítica, en las que ya el desencanto había hecho mella. El centro de su obra siempre lo ocuparon los temas existenciales: vida, amor, dolor, sexo, muerte.

 
            
 
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