Salud Pública Ambiental

En la normativa vigente (Ley 8/2003, de 24 de abril, de sanidad animal, Ley 11/2003, de 24 de noviembre, de Protección de los Animales, modificación de 8 de junio de 2010 de la Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la Flora y la Fauna Silvestres.) se consideran:



Fauna silvestre: El conjunto de especies, subespecies, población e individuos animales que viven y se reproducen de forma natural en estado silvestre en el territorio nacional, incluidos los que se encuentran en invernada o están de paso, con independencia de su carácter autóctono o alóctono, y de la posibilidad de su aprovechamiento cinegético. No se entenderán incluidos los animales de dichas especies que tengan el carácter de domésticos, criados con fines productivos o de aprovechamiento de los mismos o de sus producciones o cultivos, y los de experimentación o investigación científica con la debida autorización.


Animales de compañía: Todos aquellos albergados por los seres humanos, generalmente en su hogar, principalmente destinados a la compañía, sin que el ánimo de lucro sea el elemento esencial que determine su tenencia.



Animales domésticos: Aquellos animales de compañía pertenecientes a especies que críe y posea tradicional y habitualmente el hombre, con el fin de vivir en domesticidad en el hogar, así como los de acompañamiento, conducción y ayuda de personas ciegas o con deficiencia visual grave o severa.



Animales de renta o producción: Los animales de producción, reproducción, cebo o sacrificio, incluidos los animales de peletería o de actividades cinegéticas que, sin convivir con el hombre, son mantenidos, cebados o criados para la producción de alimentos o productos de origen animal para cualquier uso industrial u otro fin comercial o lucrativo.



Animal abandonado: Aquél que no lleve alguna acreditación que lo identifique ni vaya acompañado de persona alguna.



Animal perdido: Aquél que, aun portando su identificación, circule libremente sin persona acompañante alguna.



Al referirnos a fauna urbana, hablamos de animales cuyo ciclo vital, todo o en parte, tiene lugar en el entorno urbano, al margen de que puedan o no ser encontrados fuera de este.



Pueden ser:
De tipo doméstico, de compañía o de ganadería, que deambulan o transitan ocasional o habitualmente por los núcleos urbanos, o sus proximidades. Aquí hay que incluir a los de compañía, sensu stricto, entre los que se encuentran mascotas de todo tipo, exóticas muchas de ellas. Es un grupo en el que se puede encontrar prácticamente cualquier animal, mamífero, ave, reptil, pez, insectos y otros artrópodos, etc. a veces criados para alimento de otros. Muchas de estas mascotas son inmanejables, por ser venenosas, agresivas o voluminosas…Por otro lado, encontramos animales de renta, que aún habitan en nuestros núcleos urbanos, y que los transitan con más frecuencia de lo que parece.



También animales de ocio, educación o utilidad, como es el caso de los de las granjas escuela, centros de equitación, centros de terapia con animales, perros guía, perros policía, unidades ecuestres policiales o militares, perros de rescate, etc.Otro grupo lo componen los animales de experimentación, de universidades, hospitales y centros de investigación.Sin olvidar a los animales de exhibición, competición o concurso, y que van desde los de colombofilia, canaricultura, concursos de canto, concursos morfológicos caninos y felinos, hasta canódromos e hipódromos.



Ornamentales, ya sean aves o peces.



Residentes en tiendas o criaderos de animales, y un variado etc.



Animales domésticos en semilibertad, encontrándose entre estos animales de compañía o de ganadería a los que sus propietarios humanos permiten deambular libremente por el núcleo urbano, saliendo y entrando a su albedrío, y estando solo bajo un control humano relativo. Es el frecuente caso de perros y especialmente gatos, que causan un fuerte impacto sobre la avifauna residente en sus, relativamente amplios, entornos.



En proceso de asilvestramiento, animales que tras el caso anterior optan por no volver al alojamiento que se les ofrecía, y se autoabastecen, con o sin ayuda activa humana, realizando sus actividades vitales sin control humano de ningún tipo, aunque en el mismo entorno donde se criaron.



Animales, domésticos o no, pero con origen doméstico, liberados por sus propietarios, de forma activa o pasiva, que se establecen para vivir de forma independiente en el núcleo urbano, creando graves problemas ecológicos por competición, ocupación de nicho y desplazamiento de especies autóctonas. Es el caso de los psitácidos anidados en árboles de parques y jardines, quelonios como el galápago de Florida, conejos blancos, mapaches, y por supuesto los casos de reptiles, venenosos o no, e incluso artrópodos.



En este grupo hay que incluir los liberados de forma malintencionada por supuestos defensores de los animales, de instalaciones de peletería o experimentación, y que suponen un riesgo para la fauna autóctona y los ciudadanos.



De tipo silvestre que, por motivos varios pueden ser encontrados única o asiduamente en el interior de las zonas urbanas, y que incluso viven toda su vida en el interior de estas zonas, desarrollando todas sus actividades de alimentación, reproducción, etc. en este entorno. Están tan adaptados que se les considera parte del mismo, y llega a resultar extraño no encontrarlos. Son los llamados sinántrópicos: gorriones, palomas, ratas y ratones, gaviotas, cigüeñas, torcaces, cuervos, urracas, y multitud de invertebrados.



Deben ser objeto de especial atención, pues su grado de acomodación a la presencia humana llega a permitirles la búsqueda de alimentación incluso en el interior de edificios, generando riesgos sanitarios de cierta entidad.



Animales comensales y oportunistas, que dan origen a las llamadas plagas animales. (Insectos, roedores, aves, gatos, etc). Algunos de ellos son del tipo anterior, y ha sido su éxito adaptativo lo que les ha permitido aumentar su número hasta convertirse en plaga, pasando prácticamente a ser urbanícolas estrictos.



Otros son silvestres, de hábitat no esencialmente urbano, que llegan a ser habitantes ocasionales, a veces casi permanentes de los núcleos de población, pero que pueden ser encontrados en la naturaleza.



Su acción comensal, por la facilidad de acceso al alimento, y a ciertas condiciones de vida, les convierte en molestos e incluso peligrosos. Es el caso de estorninos, gaviotas, urracas, cigüeñas, algunas rapaces, zorros, e incluso jabalíes.



Por último, hay que citar a los animales, de todo tipo, confinados en parques zoológicos, reservas, centros de recuperación, delfinarios, mariposarios, aviarios, acuarios, terrarios, etc. A menudo de gran valor biológico.



El concepto de fauna urbana se origina a finales del Neolítico, aunque probablemente entonces no se llamase así.



Un proceso esencial en la historia de las sociedades fue el paso de una economía de recolección a una economía de producción voluntaria de ciertas plantas y animales.



Para asegurar sus necesidades de alimento, cuero, huesos, y otros productos, las primitivas sociedades cazadoras-recolectoras debían seguir las migraciones de los grandes rebaños de animales. Hace unos 10.000 años los seres humanos del neolítico descubrieron que capturar animales, domesticarlos y mantenerlos vivos para utilizarlos cuando fuera preciso, les permitía reducir la incertidumbre que, en relación con las posibilidades de alimentación, les suponía el hecho de tener que depender de la caza.



Incluso en la época de cazadores recolectores ya se había llevado a cabo la primera domesticación, la del lobo, que mediante un proceso de paidomorfosis da origen a los actuales perros.



El proceso debió constar de un periodo de predomesticación en el que, en un primer momento, los seres humanos habituaron a sus presas a su presencia mientras las seguían en sus búsquedas de alimento para, posteriormente, irlas reteniendo; esto supuso que ellos mismos tenían que encargarse de suministrar alimento a los animales. Así, consiguieron domesticar varias especies, encargándose de mover los rebaños de unas zonas de pasto a otras, emulando los movimientos naturales de los mismos, pero ahora bajo su control.
Este sedentarismo estuvo unido al nacimiento de las prácticas agrícolas, que ligaban al hombre a la tierra y que, además, permitían el cultivo de forraje para los animales. De ese modo, cuando el hombre inició la domesticación de animales herbívoros como vacas, ovejas, cabras y abandonó la caza y la recolección de frutos, nació la ganadería, durante el neolítico, muy probablemente, al mismo tiempo que la agricultura.



El sedentarismo del ser humano en el Neolítico trajo como consecuencia inmediata el almacenamiento de grandes cantidades de alimento, para asegurar el futuro de los grandes asentamientos, y la aparición de fenómenos de comensalismo.



Algunas especies de animales acompañaban al hombre en este proceso y se hicieron urbanas como él, hace ya más de 10.000 años.



A los animales sinántrópicos originales, se les van uniendo nuevos huéspedes atraídos por las condiciones urbanas, que suministran alimento y refugio de modo artificial. A esto hay que añadir la perdida de hábitats naturales, y las abusivas prácticas sobre los recursos naturales que pasan a ser degradados, eliminados, o urbanizados.



Un nuevo conflicto surge al acrecentar las áreas urbanas y suburbanas y desplazar a los animales que previamente las habitaban, los cuales se ven abocados a convertirse en fauna urbana o desaparecer.



Actualmente, la ciudad tampoco es ya un concepto tan definido como pudo haberlo sido. Las amplias zonas residenciales y de esparcimiento que rodean a los núcleos urbanos forman parte de lo que hemos venido calificando como hábitat urbano. Urbanizaciones, grandes parques perimetrales, pasillos verdes, bosques de galería y de riberas fluviales recuperados o generados ex novo, áreas ferroviarias o simple proximidad geográfica de zonas de protección a las grandes ciudades constituyen ambientes mixtos o confluyentes que conjugan un medioambiente natural en relación directa con los edificios urbanos.



La zona del ruedo de los núcleos de población y la transición ciudad-campo es, hoy una zona densamente habitada por personas y animales, que comparten hábitat y muchas otras cosas, y por supuesto entre ellas, enfermedades.




Delegación de Asistencia a Municipios y Medio Ambiente
Servicio de Sostenibilidad Ambiental

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Telf: 958 247 973

 



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